El dolor y la consternación envuelven a la comunidad de Nueva Vida, en la aldea Rigores, donde familiares velan a las víctimas de la masacre ocurrida en una finca del litoral atlántico de Honduras, que dejó al menos 19 personas asesinadas, según reportes preliminares.
Entre las víctimas se encuentran los hermanos Elmer y Wilmer Suchite, de 25 y 22 años, quienes fueron atacados junto a otros trabajadores mientras se preparaban para iniciar su jornada laboral en una plantación de palma africana.
Su padre, Armando Suchite, relató entre lágrimas que sus hijos “solo se dedicaban a trabajar” y que no logra comprender las razones detrás del violento ataque.
“No le puedo decir qué es lo que pasó. Solamente ellos saben”, expresó el padre, quien describió a sus hijos como jóvenes “humildes y tranquilos”, dedicados exclusivamente al trabajo agrícola en la zona.
Velorio en medio del dolor colectivo
En la colonia Nueva Vida, familiares, vecinos y miembros de iglesias evangélicas se han congregado para acompañar el velorio de las víctimas, en un ambiente de profundo duelo que ha paralizado a la comunidad.
Cristina García, madre de los hermanos asesinados, permanece junto a otros familiares en el patio de la vivienda familiar, donde se preparan alimentos y se realizan oraciones en memoria de los fallecidos.
Los cuerpos de Elmer y Wilmer serán sepultados en el cementerio de la comunidad de Rigores, en medio de la conmoción que ha generado uno de los hechos más violentos registrados recientemente en la zona norte del país.
Zona marcada por la violencia y el conflicto agrario
La masacre ha vuelto a poner en evidencia la crítica situación de seguridad en el departamento de Colón, una región históricamente afectada por disputas de tierras, crimen organizado y presencia de estructuras vinculadas al narcotráfico.
De acuerdo con antecedentes locales, el conflicto agrario en el Bajo Aguán se originó tras la venta de tierras entregadas originalmente a campesinos mediante procesos de reforma agraria, lo que ha generado tensiones entre comunidades rurales y sectores empresariales durante décadas.
Autoridades han señalado que la problemática se ha visto agravada por la infiltración de grupos criminales y disputas territoriales, lo que ha contribuido a una escalada de violencia en la zona.
Llamados a una solución estructural
En 2022, el Gobierno hondureño impulsó la creación de una comisión especial para buscar una salida pacífica al conflicto agrario en Colón; sin embargo, organizaciones sociales y líderes comunitarios han señalado que los avances han sido limitados.
Mientras tanto, la población de Rigores y comunidades cercanas continúa exigiendo justicia, mayor presencia del Estado y soluciones reales a un conflicto que, según habitantes de la zona, sigue cobrando vidas en el campo hondureño.