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  • noviembre 2, 2026
  • Last Update noviembre 2, 2026 7:26 pm

NECESITAMOS FORTALECER LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

NECESITAMOS FORTALECER LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

Por: Marcio Enique Sierra Mejia

La alimentación insatisfactoria del pueblo hondureño constituye uno de los problemas estructurales que limitan el desarrollo nacional. De que sirve producir suficientes alimentos, sino se garantiza que la población obtenga ingresos suficientes, encuentre oportunidades para generarlos y el acceso permanente a una alimentación adecuada, nutritiva y culturalmente apropiada. No obstante que contamos con tierras agrícolas, recursos hídricos, una diversidad climática y un campesinado con amplios conocimientos productivos, aún con esas ventajas, persiste el hambre, la desnutrición y la inseguridad alimentaria. Tenemos que convertir nuestras capacidades naturales y humanas en un sistema alimentario capaz de satisfacer las necesidades de nuestra población.

Nuestra problemática alimentaria no solo está asociada a la falta de producción, a las sequias o al incremento internacional de los precios, también se asocia con la pobreza, la concentración de la tierra, la baja productividad agrícola, muchas deficiencias de infraestructura, evidentes limitaciones del crédito rural y una débil articulación entre el Estado, los productores y los mercados. No pensemos que el hambre es un problema solamente de origen agrícola, también es un problema económico, social, territorial e institucional. Para resolverlo necesitamos ejecutar una estrategia nacional que vincule la producción campesina, con la agroindustria para aumentar el empleo rural, mejorar la distribución comercial y la capacidad adquisitiva de los hogares.

La inseguridad alimentaria es un problema de dimensión social que debemos atender. Tenemos muchos casos de familias viviendo cerca de tierra fértiles y, sin embargo, padeciendo hambre porque carecen de ingresos suficientes para comprar alimentos. Nuestros pequeños productores trabajan duramente durante meses y terminan endeudados al perder la cosecha, no disponen de riego y venden a precios que no cubren sus costos. El Programa Mundial de Alimentos estima que en Honduras el 63% de la población vive en pobreza y que aproximadamente uno de cada cuatro niños menores de cinco años sufre desnutrición crónica. La Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), para el periodo de diciembre de 2024 a marzo de 2025, estimaron que aproximadamente 1.785.000 personas enfrentaban inseguridad alimentaria aguda en fase de crisis o emergencia. Tales cifras revelan que el problema alimentario no afecta únicamente a quienes carecen completamente de comida. Indican que también golpea a hogares que comen menos de lo necesario, sustituyendo alimentos nutritivos por productos de menor calidad o sacrificando gastos de salud, educación y vivienda para poder alimentarse. En otras palabras, el problema central es que la capacidad real de las familias para acceder a una dieta suficiente y saludable, no es buena y saludable. En Honduras, ha caído el potencial productivo agrícola y, por tanto, se ha incrementado la inseguridad alimentaria. La producción de maíz, frijoles, arroz, hortalizas, frutas, leche y otros alimentos está enfrentando dificultades relacionadas con la tecnología, el acceso a financiamiento apropiado, ausencia de infraestructura de riego y una inapropiada estrategia de comercialización.

Necesitamos fortalecer la política alimentaria con un enfoque que trascienda los periodos gubernamentales y coordinar las acciones de las instituciones públicas, los productores, la empresa privada, las universidades y las organizaciones comunitarias. Hay que convertir la agricultura en un motor de desarrollo inclusivo, conectar la producción campesina con la agroindustria, generar empleo rural y proteger el poder adquisitivo de los hogares. El actual gobierno debe comprender que la alimentación no es para negociarla como mercancía que circule en los mercados, sino que es la condición básica para tener buena salud, lograr educarse, ser productivo y alcanzar dignidad humana. La verdadera meta de la política de seguridad alimentaria, es asegurar que las familias dejen de vivir con la incertidumbre de no saber qué comerán mañana y que adquieran la capacidad económica y social para garantizar una alimentación adecuada hoy y en el futuro.

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