Hace más de cuarenta años ya el recordado Gautama Fonseca planteaba que Honduras no avanzaba ni retrocedía, sino que se hundía. Afirmación que nos lleva a reflexionar ¿hacia dónde vamos como país? Han pasado décadas y lamentablemente seguimos hundidos en el mar profundo de la corrupción, sin visos de navegar al seguro puerto de la honradez.
Aquí nada ha cambiado para bien. En los últimos veinte años sólo se ha mejorado en 1% la calidad de vida de los pobres, en términos prácticos eso no significa ningún bienestar para las masas desposeídas. Es inconcebible que con toda la ayuda internacional recibida no vivamos en un país desarrollado; hemos recibido tanto dinero, sin mencionar la Condonación de la Deuda Externa, que deberíamos tener todas las carreteras enchapadas en oro puro. Pero, desgraciadamente, vivimos en un país empobrecido por los políticos. La pobreza ronda el 61% y la miseria el 40% en estas honduras de infortunio. Es decir, que miles de catrachos no tienen acceso a servicios básicos ni a poder comer tres veces al día.
Nos hundimos porque tenemos una clase política completamente corrupta, sin excepciones, que desde siempre ha saqueado sin recato alguno los bienes del pueblo. El Presupuesto General, es una fiesta de despilfarro a manos llenas y lo único que le interesa es enriquecerse, por eso jamás representa los intereses del pueblo.
Los políticos son tan desalmados que no les importa poner en peligro la vida de los pobres. Recordemos dos ejemplos lamentables, los siete hospitales móviles para combatir el coronavirus, que nunca funcionaron, costaron L. 1272 millones; los ocho hospitales que prometió Libre y que no hizo ninguno, costaron L. 1713 millones, así que no era cierto que eran diferentes.
La corrupción ha sido y es el iceberg que ha hecho naufragar al país, esa es la tragedia que el pueblo ha soportado constantemente en sus espaldas. Y es que los actos de corrupción son innumerables y cada vez se denuncian constantemente sin que nada pase. La impunidad que impera es total, los organismos encargados de investigarla son elefantes blancos que nunca hacen nada y el sistema de justicia es selectivo, cómplice de los corruptos.
Es realmente indignante darse cuenta cómo se roban el dinero del pueblo sin que nunca se procese verdaderamente a ningún pez gordo. Sin excluir la presente administración, donde ya se perciben malos manejos presupuestarios, pero venimos saliendo quizás de la peor gestión administrativa de nuestra reciente historia democrática, perpetrada por Libre, ese trasnochado partido de izquierda que sólo amarguras le ha dado al pueblo hondureño.
Desde la compra de boletos aéreos en una ferretería, más docenas de actos irregulares, hasta el fracasado Proyecto del Ferrocarril Interoceánico donde el hijo de la presidente, Héctor Zelaya, gastó L. 1100 millones sin justificación, por el momento no hay ninguna acción legal para enjuiciar estos actos. La clase política se cuida a sí misma, sin importar el partido político al que pertenezca.
En lo que respecta al actual gobierno hay una inoperancia manifiesta. La vida está carísima. La canasta básica es casi inalcanzable para los pobres. El desempleo continúa en aumento. La inseguridad ciudadana se ha incrementado, la delincuencia común y la extorsión es un flagelo terrible que afecta a los comerciantes y transportistas de todos los rubros.
En lo que respecta a la salud pública, para empezar no hay Ministro de Salud, se ha vuelto al fideicomiso, pero no ha sido efectivo. La mora quirúrgica, que prometieron eliminar, sigue casi igual; la última huelga de los médicos duró 50 días causándoles un gran perjuicio a los enfermos, sin que se les haya amonestado. Así que la salud de los pobres sigue igual, casi al borde de la tumba.
En verdad nos hundimos como país, seguimos anegados en el mar de la corrupción. Hasta ¿cuándo será así? ¿Lo seguiremos soportando? Son las preguntas que todo buen hondureño debe hacerse, para que empiece a pedirles cuentas a los políticos.
¡Los hondureños merecemos un mejor destino en la vida!
ESCRITO POR: Nery A. Gaitan

