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  • octubre 30, 2026
  • Last Update octubre 30, 2026 6:41 pm

Honduras debe romper con China y regresar con Taiwán

Honduras debe romper con China y regresar con Taiwán

Por: Hernán Argüello Z.

Movimiento Libertario de Honduras

Honduras no necesita otra comisión ni más promesas. Necesita corregir una decisión estratégica: restablecer relaciones diplomáticas con Taiwán y recuperar las oportunidades económicas que perdió al romper una relación de 82 años.

En marzo de 2023, el país abandonó a Taiwán para establecer relaciones con China, con la expectativa de acceder a un mercado gigantesco, atraer inversiones y obtener cooperación a gran escala. Más de tres años después, los resultados no justifican las expectativas que acompañaron aquel cambio.

En 2025, Honduras exportó a China $52.9 millones e importó $3,186.1 millones. El déficit comercial rondó los $3,133.1 millones. La magnitud de esa brecha revela una relación comercial profundamente desequilibrada: compramos miles de millones, pero nuestras exportaciones siguen siendo marginales frente a lo que importamos. El tratado de libre comercio tampoco ha producido los resultados esperados.

Un mercado enorme no sirve de mucho si nuestros productos no consiguen entrar en él en condiciones competitivas. La diplomacia económica debe medirse por sus resultados, no por el tamaño del país con el que se establecen relaciones.

El caso del camarón demuestra el costo de haber abandonado a un comprador consolidado sin contar con un sustituto equivalente. En 2023, Taiwán compró a Honduras 24.3 millones de libras de camarón por $74.9 millones. En 2025, las exportaciones a ese mercado cayeron a unos 6.2 millones de libras, por un valor de $16.9 millones, en un contexto marcado por un arancel del 20%. China, que debía representar una alternativa comercial, adquirió apenas una pequeña fracción del volumen que Honduras vendía a Taiwán.

La lección es clara: el tamaño de un mercado no garantiza demanda para nuestros productos. Perder un comprador estable sin asegurar otro capaz de absorber la producción fue una apuesta de alto riesgo, cuyos costos recaen ahora sobre los productores hondureños.

En Choluteca y Valle, la crisis del sector camaronero se traduce en empresas cerradas, empleos perdidos y familias con menos ingresos. Son consecuencias que merecen una explicación de quienes promovieron el cambio diplomático. No basta con invocar las oportunidades que supuestamente ofrecería China; hay que demostrar que esas oportunidades existen y que compensan las pérdidas sufridas.

La cooperación china debe evaluarse con el mismo criterio. Las donaciones, los proyectos de infraestructura y la asistencia técnica pueden ser útiles, pero no sustituyen automáticamente un mercado de exportación ni compensan por sí solos el deterioro de una industria. Honduras necesita inversión productiva, empleos sostenibles y acceso comercial efectivo, no anuncios cuyo impacto se mida únicamente por su valor propagandístico.

Taiwán, en cambio, mantuvo durante décadas una relación de cooperación que incluía becas para estudiantes hondureños, asistencia técnica para sectores como la acuicultura y el café, y apoyo en la reconstrucción tras los huracanes Eta e Iota. También fue un comprador importante y estable de camarón. Restablecer esa relación no resolverá todos los problemas económicos del país, pero permitiría recuperar una asociación con beneficios concretos y comprobables.

Además, Taiwán debe comprometerse con Honduras a levantar la industria mediante inversión productiva que genere puestos de trabajo, aprovechando la cercanía con Estados Unidos y el acceso a dos océanos.

La pregunta es: ¿por qué Honduras continúa esperando?

Nasry Asfura prometió durante su campaña electoral restablecer las relaciones con Taiwán. Sin embargo, en junio de 2026, la Cancillería declaró que no mantenía gestiones oficiales con las autoridades taiwanesas para lograrlo. Mientras tanto, Taipéi ha reiterado su disposición a restablecer los vínculos. La distancia entre la promesa electoral y la acción gubernamental exige una explicación.

El Gobierno debe iniciar negociaciones formales, definir una hoja de ruta y comunicar plazos concretos. También debe evaluar las obligaciones diplomáticas y jurídicas derivadas de su relación con China, sin convertirlas en una excusa para la inacción. La política exterior exige pragmatismo: preservar aquello que beneficia al país y corregir aquello que lo perjudica.

Restablecer relaciones diplomáticas con Taiwán no implica necesariamente renunciar a todo intercambio comercial con China. Honduras debe procurar las oportunidades económicas que le resulten favorables, respetando sus compromisos legales y diplomáticos. Lo que no debe hacer es confundir el reconocimiento diplomático con la garantía de prosperidad.

La decisión de 2023 fue soberana. Rectificarla también lo sería. La soberanía no consiste en mantener indefinidamente una política por orgullo o conveniencia política, sino en reconocer los errores y cambiar de rumbo cuando los resultados lo exigen.

El Gobierno de Asfura tiene la oportunidad de convertir una promesa de campaña en una decisión concreta. Los productores, trabajadores y familias del sur no necesitan más declaraciones: necesitan recuperar oportunidades de empleo y mercados para sus productos.

Honduras debe volver a Taiwán. Seguir esperando, sin gestiones ni plazos claros, no es prudencia diplomática. Es prolongar un costo económico que pagan los hondureños.

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