En un conmovedor ambiente de llanto y quebranto pobladores de la colonia Villanueva despidieron a siete de los ocho fallecidos en el fatal accidente de una volqueta, sin frenos, que se estrelló contra negocios y vehículos, el mediodía del lunes en esa salida del extremo oriente de Tegucigalpa.
Con lágrimas y profundo pesar, acompañados de alabanzas, hermanos en Cristo velaron los restos mortales de Denia Marisol Ramírez (34) y Evelin Yasmín Irías (26), cuñadas inseparables, que trágicamente perdieron la vida en una llantera donde les reparaban el neumático del carro.
En otro sector de esa populosa colonia fueron despedidos Ismael Centeno Hernández (50), Josué Leónidas Herrera Baquedano (50), Issac Alejandro Pérez Cruz.

Mientras, compañeritos expresaron los mejores recuerdos de Leyret Nahiara Aguilar Rodríguez alumna de la Escuela de Aplicación “República de Paraguay”.
El mediodía del lunes pasado en la entrada oriental a Tegucigalpa la volqueta cargada con material de construcción tipo grava, bajó sin control con el saldo trágico antes descrito.

Por su parte, Juan José Ávila Flores (50) fue velado en la iglesia católica de la mencionada colonia.
Familiares y seres queridos despiden entre tristeza y profundo dolor a Ávila Flores, quien laboraba en una chatarrera, a la par de la llantera.
Para las familias, el nuevo día no significó descanso, sino la continuidad del dolor en la vela de sus parientes.

Los hogares despertaron sin respuestas, mientras la ciudad intenta retomar su ritmo, para esas familias el tiempo parece haberse detenido en el momento exacto en que una llamada, una noticia o una ausencia cambió para siempre la vida de quienes hoy tendrán que aprender a sobrevivir con el vacío.
Ese día de la tragedia, el ruido no solo fue de metal contra concreto, sino el sonido de una desdicha que, una vez más, deja al país frente una herida que nunca cicatriza, porque es muerte tras muerte en las carreteras.

En minutos, el lugar pasó de ser una zona comercial activa a un punto de dolor colectivo. Ese día, varias madres buscando a sus hijos. Hijos preguntando por sus padres. Esposos y esposas enfrentando la noticia más temida.
Vecinos que intentaban ayudar mientras cargaban, sin quererlo, con la escena que no se olvida, cuerpos, ambulancias, sirenas y gritos de dolor.
Hay familias destruidas… “Aquí todos conocemos a alguien que estaba en el lugar”, relató entre lágrimas una residente de la zona. Mientras la capital intentaba procesar el impacto del accidente, las cifras nacionales volvieron a encender las alarmas.

