Es indignante y preocupante la decisión de la magistrada MARLINA DUBON de votar en contra del amparo presentado a favor de los tres generales que, con valentía, defendieron la democracia de nuestro país.
Estos oficiales continúan enfrentando un calvario jurídico, acusados de delitos que la gran mayoría del pueblo hondureño y amplios sectores de la comunidad internacional saben que no cometieron.
Nos preguntamos: ¿con qué valor moral puede una magistrada continuar ejerciendo una función que exige comportamiento ético, profesionalismo y apego estricto a la justicia cuando sus decisiones generan serias dudas en amplios sectores de la sociedad? La independencia judicial no puede ni debe confundirse con servilismo político.
La defensa de los derechos humanos, el debido proceso y la legalidad debe estar por encima de cualquier interés partidario.
Honduras no puede tolerar que quienes actuaron en momentos decisivos de la vida nacional continúen siendo objeto de procesos que muchos ciudadanos perciben como una forma de persecución política.
La justicia verdadera exige transparencia, imparcialidad y respeto irrestricto a los principios universales de derechos humanos.
Los hondureños merecemos que la justicia sea un faro de ética, verdad y seguridad jurídica, no un instrumento al servicio de intereses políticos.
El país necesita jueces y magistrados que inspiren confianza, fortalezcan el Estado de Derecho y actúen con absoluta independencia.
La justicia debe estar al servicio de la verdad y de la ley, nunca de la política.
OFICIALES EN RETIRO Y RESERVISTAS DE HONDURAS.

