Por: Marcio Sierra
Han pasado ocho meses de gobernanza democrática y observamos que la discusión sobre su gobierno empieza a desplazarse de la figura presidencial hacia el cuestionamiento de la calidad, capacidad y resultados de su equipo ministerial. Esto ocurre, porque se está percibiendo que el presidente no tiene ministros aptos para convertir sus decisiones públicas en resultados medibles y convincentes, como la condición necesaria para ganar la confiabilidad del ciudadano. El presidente Asfura está centrado en ordenar el Estado, recuperar la capacidad de ejecución y atender problemas acumulados. Existen reportes de acciones tomadas en salud, educación, seguridad, infraestructura, empleo, producción agroalimentaria, transformación digital y reorganización de las instituciones públicas que demuestran que si hay voluntad presidencial. Sin embargo, se observa que hay una diferencia entre la orientación del presidente y la capacidad de sus ministros para ejecutarlas. Se percibe que el problema no es necesariamente la falta de voluntad presidencial. El presidente tiene una idea de gobierno sencilla: trabajar, ordenar y ejecutar. Lo afirma constantemente. Pero, su gobernanza no se mide solamente por sus intenciones. La ciudadanía lo mide por la capacidad de cada Secretaría para transformar sus orientaciones en resultados concretos y sostenibles. Y precisamente en esto es que surge la gran interrogante: ¿tiene su gabinete la capacidad necesaria para acompañar al presidente? Tal parece que su gabinete está mal combinado con funcionarios y perfiles técnicos inapropiados. Se ven ministros sin talento para administrar presupuestos, coordinar instituciones, resolver conflictos, seleccionar equipos profesionales y responder públicamente por los resultados de su Secretaría. El desafío se ve grande en sectores como salud, educación, seguridad, energía, infraestructura y desarrollo social, donde los problemas son estructurales y no pueden resolverse únicamente mediante decisiones administrativas. Por ejemplo, se cuestiona el hecho que el presidente Asfura asuma personalmente la Secretaría de Salud, con apoyo de designados presidenciales y viceministros especializados, que si bien demuestra la importancia que el ejecutivo atribuye al sector, también genera una pregunta institucional: ¿puede el Presidente dedicar simultáneamente suficiente tiempo a la conducción nacional y a la conducción directa de una Secretaría tan compleja? La salud requiere mucho más que anuncios presidenciales. Necesita medicamentos disponibles, hospitales funcionando efectivamente, reducir completamente la mora quirúrgica, dar suficiente atención primaria y personal, compras transparentes y una administración eficiente. Y aun logrando esto esfuerzos, la pregunta es, si se está transformando estructuralmente el sistema sanitario.La nueva gobernanza democrática y su gabinete deben entender que gobernar es producir resultados. El presidente Asfura tiene la gran oportunidad de convertir su estilo personal de trabajo en una cultura institucional de resultados. Debe exigir o realizar cambios para lograr un acompañamiento político con verdaderos gerentes públicos que le respondan a los problemas que recibieron, que cumplan con los objetivos concretos que les propuso, utilizar bien el presupuesto recibido, dar resultados verificables y demostrar una ejecución loable. El presidente necesita un gabinete que esté a la altura del momento. Se necesita un Estado que funcione y demuestre con claridad que los ministros sí cumplen. Sabemos que heredamos un gobierno socialista fracasado con proyectos detenidos, deudas, expedientes acumulados, servicios deteriorados y problemas administrativos. Y precisamente por eso, el margen de error de su gabinete ministerial es reducido. El presidente Asfura le imprime una dirección política correcta al gobierno, pero son sus ministros quienes deben convertir esa dirección en gobernanza. La duda o la interrogante central es si su gabinete tiene la capacidad profesional, política y administrativa para acompañar el proyecto presidencial y responder a las enormes necesidades de los hondureños.

